Seguimos por la región de Kibish, aunque cambiamos de asentamiento para estar más cerca de los Surma, que es la tribu que por fin visitaremos en el día de hoy. A la salida he tenido un pequeño percance y me he quedado sin mis zapatillas deportivas, se han despegado por completo las suelas y tengo que buscar una solución rápido. Así que en el pequeño pueblito hay un zapatero que me hace un cosido artesanal por 50 birrs, en principio quería 100, aprovechando la situación, son espabilados…

Continuamos la ruta por polvorientos caminos hasta llegar al nuevo alojamiento, donde nos aseguran que esta vez podemos ducharnos… Dejamos las cosas y nos ponemos en marcha caminando para llegar al poblado Surma cercano a nuestro lugar de acampada. Después de una larga caminata campo a través con muchísimo calor llegamos al pequeño poblado de es tribu que era nueva para mi, en mi anterior viaje no la había visitado, sin duda era uno de los objetivos de este viaje. Son una mezcla entre los Karo y los Mursi, aunque bastante más accesibles y cordiales, algunos tienen como los Mursi platos en los labios y adornos pintados en el cuerpo como los Karo a los que añaden adornos florales. Retornamos al lugar de acampada para degustar una exquisita comida que nos prepara nuestro cocinero Chamo.

Apenas sin descanso nos vamos a visitar otro poblado cercano de esta tribu, un pequeño pero encantador poblado, repleto de niños, que me recordaban la película de la Misión, donde no paraban de realizar cánticos, tenía que haberlo grabado, pero no se puede estar en todo… dejamos allí unos buenos paquetes de birrs, la tarifa es de 5 birr por persona fotografiada y no se escapa nadie, si el grupo es de dos personas son 10 y si son tres, sube a 15… Y que sean billetes nuevos, que son como les gustan.

Al atardecer dejamos el poblado y retornamos al alojamiento para darnos esa esperada ducha. En un pequeño cuarto sin luz, sólo con la que se reflejaba del camping gas que tenía el cocinero para realizar la comida en un cuarto contiguo y el chorro se cortaba de vez en cuando, por supuesto, que fría, fría, fría… pero sirvió para quitarnos todo el polvo del camino y a esperar a que el día siguiente fuera mejor.

Llega la hora de la cena, donde nuestro cocinero sigue sin bajar el listón, sin duda lo mejor de estos días de acampada y el buen ambiente con los comentarios de la jornada y luego a dormir, que mañana tenemos que madrugar bastante si queremos fotografiar el ritual de la sangre de la vaca de la tribu Surma, algo muy interesante pero que comienza a las siete de la mañana, por lo que habrá que madrugar sino queremos perdernos esta escena tan singular.

Anuncios