La memoria de mi pasado (4)

Cuba, el paraíso perdido (1999/2017)

Cuarto viaje (La Habana, Trinidad, Santiago, valle de Viñales, 2004)

 

Después de un paréntesis de tres años, tenía ganas de volver de nuevo a Cuba. Aprovechando que mi amigo y ex-alumno José Luis Moreno quería conocer la Isla nos fuimos las dos parejas y desde La Habana partimos hacia Trinidad en la guagua de Via-Azul donde nos esperaba Mandy y allí alquilamos un coche para recorrer la Isla, después de unos días en la ciudad colonial visitando también Topes de Collantes (no lo recomiendo), el valle de Los Ingenios, Península de Ancón y recorrer la ciudad y como no el barrio de La Popa,  nos trasladamos a Santiago de Cuba haciendo noche en Camaguey, la ciudad de los tinajones, en una casa recomendada por mi amigo Mandy. Por el camino parábamos para hacer algunas imágenes que nos interesaran y estirar un poco las piernas.

Al llegar a Santiago no pudimos alojarnos en la casa que nos recomendó Mandy, pues estaban sin agua y gracias a ello conocimos a Francisco y Aimée, un matrimonio excelente con una casa colonial muy cerca del centro, muy bien equipada, de las mejores de toda la isla y con una gastronomía fuera de todo lugar, el desayuno era demasiado, no faltaba nada y pudimos probar todo lo bueno de la gastronomía cubana, fritura de malanga, yuca, ropa vieja, arroz congrí, langostas, moros y cristianos… Allí recorrimos todos sus alrededores posibles, Songo, El Caney, El Aceite, El Socorro, Baconao y El Cobre, donde está la famosa Virgen del Cobre, lugar de peregrinación de los cubanos y donde te asedian continuamente para venderte cosas de recuerdo, lavarte el coche…, como en ningún otro sitio de Cuba, a pesar de ello conseguí hacer a mi juicio una de las mejores fotos del viaje, un retrato de un niño en un juego de luces y sombras en formato panorámico.

 

Después de unos maravillosos días en aquella zona partimos de nuevo para La Habana haciendo noche en una casa que nos recomendó Francisco en Sancti Spiritus donde recuerdo que cenamos un pollo en salsa exquisito. Hicimos una parada en Varadero, para darnos un baño en una auténtica playa caribeña, pero que fotográficamente no tenía ningún interés, aquello se salía de nuestro propósito fotográfico, pero también había que contentar a las señoras. No perdimos demasiado tiempo allí y regresamos a La Habana, visitamos a Abilio para que nos hiciera de chófer por el Valle de Viñales, por el camino hicimos muchas fotos de aquella singular zona que para mi sigue siendo la más interesantes de Cuba, carretones de bueyes tirados por guajiros, plantaciones de tabacos y mucha tranquilidad, donde la gente va a lo suyo y no te aborda continuamente con sus problemas. Las fotografías de abajo están realizadas con película infrarroja y con la primera de ellas gané importantes premios que me ayudaron a continuar con estos viajes al “paraiso perdido”.

 

 

Como siempre fue una delicia escuchar a Abilio todo el camino, que nos contaba sus historias, se había convertido a una religión afro-cubana y estaba pendiente de conseguir la visa para marchar a los Estados Unidos, donde le esperaban su hija y su madre, debía dejar a su mujer en Cuba que tenía que cuidar a su madre ya mayor. La vida de Abilio merece un capítulo aparte, me mostró la maqueta de un libro que había escrito con sus episodios desde el anterior viaje, con su frustrada estancia en territorio español y años más tarde lo publicó a su llegada a EE.UU., en agradecimiento a sus servicios de guía todos estos años por La Habana le di una aportación que le ayudara en su viaje para emprender una nueva vida, nos despedimos, quizás para siempre, no le he vuelto a ver desde entonces, sólo tenemos contacto a través de Facebook  de vez en cuando y se encuentra afincado en Miami con toda la familia. ya tiene publicado dos libros de sus vivencias cubanas.

 

La Guarida, afamado paladar de La Habana, donde se rodó la película “Fresa y chocolate”.

 

Esta vez utilicé una nueva cámara panorámica, Haselblad  X-Pan II, junto a la Noblex 135-U y la Contax G-2, todas en formato argéntico y con 35 mm., en blanco y negro. Cuba me seguí calando hasta los huesos, tenía algo especial y deseaba volver de nuevo, mi libro estaba ya casi a punto, pero me seguían faltando algunos temas. Quería fotografiar un viejo almendrón blanco paseando por el Malecón en un día de oleaje, pero hasta entonces no había tenido ocasión de ello.

 (todas las fotografías que aparecen en este reportaje pertenece al libro “Cuba, el paraíso perdido” del que aún me quedan algunos ejemplares), para realizar pedidos rellenar este formulario:

http://www.juanmiguelalba.es

 

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