La memoria de mi pasado (5)

 

Cuba, el paraíso perdido (1999/2017)

Quinto viaje (La Habana, Trinidad y Viñales, 2005)

 

 

Este año sería mi 50 cumpleaños,  era la ocasión idónea para publicar mi primer libro de fotografía y por supuesto dedicado a Cuba, pero antes debía regresar y hacer fotos de algunos temas que faltaban, cortando caña de azúcar,  peleas de gallos y sobre todo ese viejo almendrón pasando por el  Malecón con oleaje de fondo.

Así que  esta vez elegí el mes de marzo para el viaje,  en plena Semana santa y visitaría mis tres lugares favoritos,  La Habana,  Trinidad y Viñales. Como siempre llegamos a La Habana de  noche y me alojaría por Centro Habana,  para estar en pleno meollo y no perder tiempo con desplazamientos. Allí caminamos por el Malecón, Habana Vieja, Montes, El Prado, Barrio Chino, era una buena situación y la casa estaba aceptable.

Nos desplazamos en Viazul a Trinidad donde nos espera Mandy, con la noticia de que Fidel había  autorizado una procesión de Semana Santa tras la reciente visita del Papa. Era todo un espectáculo  ver  como conviven la religión afrocubana y cristiana. No me había llevado flash, no suelo incluirlo en el equipo normalmente y no pude hacer demasiado al ser de noche.

Procesión del Santo Entierro en Trinidad.

Conseguí conectar con unos cortadores de caña por el valle del Ingenio y pude realizar esas fotografías pendientes. Nos quedamos a comer por la Torre de Manaca en una casa donde nos improvisaron una comida con lo que tenían.

Después de darme  un baño en la playa de Ancon, regresamos de nuevo a La Habana para poner rumbo a Viñales, era la primera vez que nos quedamos a dormir,  fue en casa de Mirta, habitación muy reducida pero bien situada y con un porche para las veladas nocturnas como en casi todas las del lugar.  En ese viaje conocí a Guillermo,  con el que me une una buena amistad y sería una pieza fundamental en mi siguiente libro dedicado a Cuba “Guajiros”, me llevó a algunos recorridos por el valle y entramos en casa de algunos guajiros.

Por las noches ibamos al Patio del Decimista a escuchar auténtica música cubana tradicional que tocaban grupos del lugar.

 

Por fin pude hacer fotos de peleas de gallos en Palmarito , es un tema prohibido,  pero al que acceden cantidad de gente,  la verdad es que era difícil encontrar el lugar. Pasamos allí toda la mañana y regresamos como pudimos subidos en una carreta para comer en casa de Mirta.

También conocí a Yoel, médico de la zona que con su viejo almendrón negro hacía de chófer por los alrededores, visitamos Pinar del Rio, Puerto Esperanza, Cayo Jutías (donde nos bañamos en una auténtica playa caribeña)  y Santa Lucía donde hice unas fotos en un viejo gimnasio hasta que la encargada de turno me prohibió usar mi cámara. Con esas fotos conseguí una medalla de oro en un certamen internacional sobre fotografía deportiva.

Al marcharme regalé a Yoel una caja con  medicamentos que me había preparado mi médico de empresa Manolo, por la escasez que hay en Cuba de ello. Fue el mejor regalo que pude hacerle. Siempre que viajaba llevaba dos maletas, una con mis enseres y la otra se quedaba allí, ropa, medicamentos, material escolar, encargos…

Regresamos a La Habana para coger el vuelo de vuelta y la última noche mi amigo Raúl nos invito a cenar en su casa, siempre que iba le llevaba películas y papeles fotográficos que tampoco podían conseguir allí. Al regreso a mi alojamiento en casa de la doctora Kenia, a la que conocí también  en esta ocasión, el mar estaba agitado,  con suerte al día siguiente podría hacer la foto soñada del Chevrolet blanco con el oleaje. Esa  mañana la pasamos entera fotografiando, nueve rollos de películas tiré,  había que conseguir la foto,  pero hasta que revelara los rollos a mi regreso no estaría seguro… La suerte estaba echada, había que sacar el libro ese año. No podía esperar más. Seleccioné entre unos 300 rollos de película y 7000 imágenes más de 150 que irían al citado libro, que pretende narrar mis vivencias en esta Cuba de los últimos años de Fidel al frente del gobierno, un sistema único en el mundo después de la caída del telón de acero y con un férreo bloqueo americano, no quiero opinar de ello, me unen lazos de amistad con muchas familias cubanas y he vivido desde dentro lo que allí ocurre. Solo me limito a fotografiar lo que he visto paseando en estos cinco primeros viajes con pocos  cambios en  Cuba.

 

 

Fué un viaje fantástico y fundamental para finiquitar el libro, había conseguido la foto del viejo Chevrolet con oleaje en el Malecón y esta otra que utilicé para la portada del libro de un grupo de cubanos mirando a un horizonte de esperanza. A final de año se publicó el libro por la editorial malagueña Miramar en formato de A4 apaisado en una tirada de 1500 ejemplares en tapas rústicas y una limitada en tapas duras de sólo 100 ejemplares que se agotó el mismo día de la presentación.

Todavía tengo algunos ejemplares muy pocos para la venta que podéis solicitar a través de este formulario de contacto, precio 25 € (más gastos de envíos), donde figuran todas las imágenes que se están publicando y muchas más.

 

 

 www.juanmiguelalba.es

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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