Viajes a Latinoamérica

La Española (Rep. Dominicana y Haití), 2003


Continuando con mi proyecto de seguir descubriendo Las Américas esta vez decidí visitar la Isla La Española, que en la actualidad alberga los países de Haití y República Dominicana. Aunque mi intención era ir sólo a Haití, pero era complicado acceder a ese país, así que decidí volar a Santo Domingo y desde allí recorrer la parte de la Isla pegada a Haití para poder pasar por la frontera los días permitidos. Era la zona menos turística y lógicamente la que tenía menos infraestructura, desde la capital cogí un autobús que me llevó hasta Barahona.


En este viaje cargué con mi cámara Contax G-2, la Noblex 135-U y la Horizon para hacer infrarrojos. Sólo formato de 35 mm esta vez y con película, había decidido ir ligero de equipaje, es lo mejor para el reportaje documental, mi intención de este proyecto, retratar lo que hay, con mi visión personal.


Visité también Bahoruco y luego me trasladé a Monte Cristi, cerca de la frontera con Haití, allí estaba mi meta en Dajabón, donde un día a la semana era día de mercado y abrían la verja para que los haitianos pasaran y pudieran comerciar con sus artesanías para cambiarlas por comida, era alucinante ver como corrían una y otra vez con montones de cartones de huevo en la cabeza. Que cantidad de cartones de huevos!


Era un tránsito sin parar, enormes cantidades de gentes, incluso a través del río llamado Masacre, en memoria de una gran masacre sucedida en aquella frontera. Pude adentrarme algo, pero sin visado no podías pasar, así que tuve que hacerme un visado de un día para pasar y regresar luego, mi intención era ir a la población más cercana y fotografiar en ella, así que después de pasar la aduana y sortear a los pesados guías que quieren llevarte de «turismo», cogí una moto-taxi y me fuí a Ounaminthe, la primera población cercana a la frontera, me adentré en un colegio, repartí algo de material escolar y pude hacer algunas fotos. Después recorrí algunas de sus calles, todas sin asfaltar, aquello era realmente otro mundo. Pero la situación se fue poniendo difícil había gente que no querían fotos y algunos empezaron a preguntar que hacía allí, para que eran aquellas fotos… Aquello no era República Dominicana, no tenía nada que ver, así que decidí retornar caminando y fotografiando lo que pude por el camino de vuelta.
En ese camino realicé uno de mis retratos favoritos, el de una niña haitiana sentada en la puerta de su casa, creo que la mirada lo explica todo, es lo que intento transmitir en mis imágenes, tan sólo añadiré que me causó una gran sorpresa cuando la vi en mi hoja de contactos, hay fotos que te sorprenden gratamente y no te acordabas de haberla hecho, pues la tiré rápidamente y hice sólo una toma con un angular de 21 mm que ni siquiera.


Seguí rápidamente hacia el otro lado de la valla, ya estaba el sol muy alto y aquí no había nada para comer, aunque al otro lado tampoco es que hubiese una gran variedad, tan sólo un restaurante que regentaba un francés se podía comer más decentemente.


Recuerdo al regresar ese día en el autobús nos pararon en un control policial, pidieron documentaciones y acto seguido un policía se quitó la gorra para que todos fueran echando «la propina correspondiente», venían del mercado de la frontera y de esa forma harían la vista gorda de lo que hubiesen trapicheado cada uno.


Al llegar a Monte Cristi decidí cambiar de ubicación buscando un destino con mejor infraestructura y me fui a Puerto Plata, aquello me desencantó un poco fotográficamente hablando y además me cogieron tres días seguidos de lluvias fuertes sin parar y sin poder hacer nada, no me sentía inspirado, así que decidir volver de nuevo a Monte Cristi para hacer algo de nuevo en la frontera haitiana, es lo que más me había interesado del viaje.


Visité Copey, Enriquillo, Tres Cruces, San Rafael y Ciénaga donde asistí por primera vez a las peleas de gallos para tomar fotografías, todo un ritual, ver como le añadían espolones a los gallos, como los pesaban una y otra vez, gallos que habían criado durante un año y luego los sometían a un combate a vida o muerte donde jugaban grandes sumas de dinero.


Todo el material realizado en este viaje fue con formato analógico, que luego positivé en papel de emulsión de plata con baños de virajes al selenio, sulfuro y oro.
Posteriormente escaneé algunos negativos y los imprimí en papeles de fibra o algodón con tintas de pigmentos minerales (proceso Gyclée).


Muchas de las imágenes de este viaje se han publicado en algunos de mis libros: “15 años de viaje” y “La Tierra que habitamos.” He creído conveniente repetir algunas en esta publicación.

http://www.juanmiguelalba.es

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